9 Febrero 2008
Después de un montón de años subiendo al Bisaurín en invierno para disfrutar de la esquiada por la cara sur, al fin visitamos la cara norte para escalar alguna de las numerosas y desconocidas vías que la surcan. Salimos muy temprano de casa y al amanecer estamos en Lizara con las mochilas preparadas. Una hora con los esquís en la mochila y llegamos al valle situado bajo el collado de Bernera donde continuamos progresando con los esquís en los pies. Subimos al collado de Secús con nieve entre polvo y dura y cuando llegamos a ver la vertiente norte del Bisaurín decidimos que la pared está muy escasa de hielo y que vamos a subir el Corredor Norte clásico en vez de la vía Mágnum que nos habían recomendado. Aunque esperábamos la más absoluta soledad, estamos tres cordadas en la vía. Nos encordamos bajo la franja rocosa de cuarenta metros donde están las únicas dificultades del corredor y hacemos amistad con la cordada que va detrás de nosotros mientras la cordada que nos precede resuelve el largo que debería de ser una cascada y en realidad es roca con un poco de hielo y mucha nieve polvo en la salida. Una hora y media después, o tal vez dos, nos toca a nosotros que con nuestros esquís en la mochila e intimidados por tanta tardanza, decidimos partir el largo en dos. Resolvemos el paso sin demasiados problemas, aunque, claro está, después de haber visto cómo lo hacían nuestros predecesores. El resto de la vía, una pendiente de nieve que subimos en “ansamble” sin dificultades. Desde la cima, con un magnífico día primaveral de invierno, esquiamos entre las manchas de hierba y de rocas hasta el abrevadero (poca nieve pero muy buena esquiada) y enseguida llegamos al refugio casi nueve horas después de partir.
Texto Lorenzo Ortas
Reseña de la Cara Norte y la Vía Magnum
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Collado de Secús con el Puntal de Secús a la derecha y el Bisaurin a la izq.

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